Cuando alguien ajeno al taekwondo ve un cinturón negro, a menudo lo interpreta como "experto" o "máximo nivel". Esta es una visión completamente equivocada del sistema de graduaciones. En el taekwondo, el primer dan negro representa el comienzo de la formación real, no su culminación.
El sistema de cinturones modernos fue creado por Jigoro Kano, fundador del judo, a finales del siglo XIX. El taekwondo adoptó esta estructura y la adaptó con sus propios colores y significados. Los grados de color (gup) van del décimo al primero, en orden descendente, y corresponden a los cinturones desde el blanco hasta el rojo o negro con franja roja.
El cinturón blanco simboliza la pureza del principiante: mente abierta, sin conocimiento previo que deba ser desaprendido. El amarillo evoca la tierra donde se siembra la semilla. El verde es el crecimiento. El azul apunta hacia el cielo como objetivo. El rojo advierte al atleta y a su entorno: ya tiene conocimiento suficiente para ser peligroso.
El cinturón negro no es, como decíamos, el final del camino. Es el grado uno de una nueva escala con nueve niveles (dan). Los tres primeros dan se consideran "aprendiz de instructor". Del cuarto al sexto dan, "maestro". Del séptimo al noveno, "gran maestro". El décimo dan, el más alto teóricamente posible, se ha concedido de forma honorífica en contadas ocasiones a lo largo de la historia.
El tiempo entre grados no es arbitrario. Las federaciones establecen períodos mínimos de práctica entre exámenes que se van alargando conforme se asciende. Pasar de primer a segundo dan requiere como mínimo dos años de práctica. De quinto a sexto, cinco años. Estos períodos garantizan que el desarrollo interno acompañe al técnico.
Los exámenes de grado evalúan mucho más que la destreza técnica. La actitud, el comportamiento con compañeros y superiores, la comprensión de la filosofía y el compromiso con el entrenamiento son factores que los maestros examinadores valoran con el mismo rigor que la precisión de las patadas.
Muchos practicantes que alcanzan el primer dan negro sienten una combinación de orgullo y humildad: el orgullo de haber superado años de esfuerzo, y la humildad de entender que el verdadero aprendizaje acaba de comenzar. Esta tensión creativa entre lo logrado y lo que queda por aprender es, según los maestros, la esencia misma del camino del taekwondo.



