Pocos deportes pueden presumir de haber protagonizado una transformación tan radical en tan pocas décadas como el taekwondo. De arte marcial regional de la península coreana a deporte olímpico con más de 80 millones de practicantes en el mundo: este es el viaje del taekwondo hacia la gloria olímpica.
Los primeros pasos en el olimpismo llegaron en Seúl 1988, donde el taekwondo fue incluido como deporte de demostración. El público coreano vibró con cada combate, pero las medallas no contaban en el medallero oficial. Era solo un escaparate, pero fue suficiente para despertar el interés del Comité Olímpico Internacional.
Cuatro años después, en Barcelona 1992, el taekwondo volvió a los Juegos como deporte de demostración. Esta vez en suelo español, ante un público mediterráneo que respondió con entusiasmo. El espectáculo de los combates convenció a los últimos escépticos de que este deporte merecía su lugar permanente en los Juegos.
La oficialización llegó en 1994, cuando el COI reconoció al taekwondo como disciplina olímpica de pleno derecho para los Juegos de Sídney 2000. Con cuatro categorías de peso masculinas y cuatro femeninas, el deporte tenía por fin su sitio definitivo junto a la halterofilia, la lucha o el boxeo.
Sídney 2000 fue histórico para España. El taekwondo español celebró su primer metal olímpico, marcando el inicio de una era dorada que se confirmaría en Atenas 2004 con dos medallas de oro en una misma edición de los Juegos, un logro extraordinario que colocó al taekwondo español en el mapa mundial.
La gran revolución técnica llegó con el sistema de puntuación electrónica (PSS), introducido progresivamente entre 2008 y 2012. Los protectores del pecho con sensores de presión eliminaron buena parte de la subjetividad en el arbitraje. Los golpes válidos se registran automáticamente, reduciendo las polémicas y aumentando la credibilidad del deporte ante la audiencia global.
Hoy el taekwondo olímpico sigue evolucionando. Se han introducido cámaras de visión instantánea para revisar acciones polémicas, y los sistemas electrónicos son cada vez más precisos. El reto ahora es mantener el equilibrio entre la efectividad del combate moderno y la esencia técnica y artística que hace del taekwondo algo único.



